La oenegé cacereña Soguiba apoya a la mujer africana con educación y huertas ecológicas

Asociación de mujeres de Guinea Bissau, a las que ayuda la oenegé cacereña, desbrozando la tierra para cultivar un huerto ecológico. :: cedida/
Asociación de mujeres de Guinea Bissau, a las que ayuda la oenegé cacereña, desbrozando la tierra para cultivar un huerto ecológico. :: cedida

Ha fletado para Guinea Bissau un contenedor con material escolar y de construcción y 12.000 camisetas

LAURA ALCÁZARCÁCERES.

En Guinea Bissau, en el ranking de los estados con los índices de pobreza más altos del mundo, la mujer queda prácticamente en desamparo al fallecer el marido pues los bienes del matrimonio pasa a heredarlos el hermano mayor del difunto esposo. La oenegé de raíces cacereñas -ya de carácter nacional y con sede también en Cádiz-, Soguiba, conoce bien la dura realidad de este país africano, vecino de Senegal, en el que viene llevando a cabo diversos programas solidarios desde el 2001.

Abelardo Martín ha visto en estos 18 años como la entidad sin ánimo de lucro que preside, ha conseguido capacitar a la mujer guineana y favorecer su independencia económica gracias a una herramienta de desarrollo social básica, pero de tan difícil acceso en esas comunidades, como es la educación. Se han apoyado, al mismo tiempo, en un proyecto de horticultura ecológica con el que sacan provecho de los terrenos selváticos cultivando hortalizas y verduras que destinan tanto al autoconsumo como a la comercialización. «La mujer ahora quiere aprender para que no le engañen al vender sus productos, no sólo para leer y escribir», apunta Martín cuando habla del plan de alfabetización femenina que la oenegé inició hace unos siete años. Dicho plan cuenta con un profesor voluntario y Soguiba les proporciona energía fotovoltaica para iluminar la escuela en horario nocturno, cuando se imparte el turno de adultos.

Esta necesidad educativa en términos meramente económicos y mercantiles se le presenta a la mujer guineana a raíz del proyecto 'huertas de mujeres' de Soguiba. En 2006/2007 la asociación dotó a las escuelas que ha construido en el país de huertos para niños y cuatro años más tarde, en 2010, trasladaba la iniciativa a las asociaciones de mujeres de las tabancas o aldeas.

Soguiba proporciona energía fotovoltaica para iluminar las escuelas nocturnas de adultosEn la actualidad hay más de 12.000 niños en las 150 aulas financiadas en gran parte por AEXCID

Asociacionismo

«Nos dimos cuenta de que la soberanía alimentaria es muy escasa allí, de hecho, ellos cuando matan una vaca por un funeral pueden andar 30 o 40 kilómetros para poder comer carne, y a partir de ahí empezamos a apoyar el asociacionismo de mujeres», relata el presidente de Soguiba que explica que son ellas, desde las asociaciones, quienes consiguen el terreno y la mano de obra. En la actualidad han creado 48 huertas con una media de 80 mujeres empleadas en cada una de ellas. Las propias mujeres se encargan de desbrozar el terreno, que suele abarcar alrededor de una hectárea, mientras Soguiba valla las parcelas, hace los pozos para el riego e imparte la formación para aprender las técnicas de cultivo.

«En enero y febrero empiezas a ver que la huerta va floreciendo, -declara Martín- y esto ha tenido tal éxito que no sólo es que la familia coma mejor, sino que tienen excedente y lo venden, que el dinero que sacan es de la mujer, porque es un trabajo de mujer, aunque también hemos empezado a encontrar ya hombres que se asocian con ellas, al igual que algunos jóvenes ayudando a sus madres», detalla resaltando el hecho de que las huertas han venido a hacer más variada la dieta en estas aldeas africanas en las que se consumen fundamentalmente hidratos de carbono. «Estamos metiendo en su alimentación más verduras, porque ellos comen mucho arroz».

El proyecto de las huertas no se desarrolló sin ciertas prevenciones por parte de la oenegé extremeña por su explícito apoyo a la mujer en un país subdesarrollado en el que el hombre y su imagen se vieran en cierto modo 'agraviados'. «Teníamos miedo de que este empoderamiento de la mujer pudiera aumentar la violencia de género» reconoce Martín, que añade que «en este caso, el hombre no sólo no ha encontrado inconvenientes sino que está muy contento», afirma en base a las conclusiones de un estudio que han realizado con la Fundación Mujeres de Extremadura para analizar el impacto de esta iniciativa desde el punto de vista social y de género. «El hombre se ha dado cuenta -prosigue- de que esto es un beneficio, incluso puede pedirle dinero prestado a la mujer, siempre delante de la comunidad y siempre para devolvérselo porque es un dinero que le corresponde a la mujer».

El futuro de las huertas de mujeres pasa por vender los productos que cultivan fuera del país, comercializándolos, por ejemplo, en Senegal. Soguiba colabora tanto en ese empeño como en la mejora de las simientes para aumentar el tamaño de pimientos y tomates y obtener una mejor producción. Su objetivo próximo es introducir el riego por goteo.

Escolarización

Soguiba llegó a Guinea Bisseau poco después de que terminara la guerra civil del 98. El país se encontraba en unas condiciones muy precarias y la asociación decidió ayudar desde el ámbito educativo. «Creíamos que aunque era la vía más lenta, la única manera de que el pueblo mejorara era dándole educación y formación», precisa Martín que no borra una imagen de su retina: «la primera fotografía que tengo grabada en mi mente de nuestras primeras escuelas es la de un árbol baobad enorme, con una pizarra colgada sobre él y un maestro enseñando a unos niños sentados en sus pequeños taburetes».

A día de hoy tienen unas 150 aulas con 12.000 niños escolarizados gracias también a los fondos de la Agencia Extremeña de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AEXCID) que ha financiado gran parte de las escuelas. Soguiba ha formado a más de 65 profesores, a los que durante unos años les ha pagado su retribución de maestros, hasta que el Estado guineano se ha hecho cargo de la educación y del profesorado . La asociación colabora enviando material escolar.

Precisamente, hace un par de semanas fletaron un contenedor con destino a país africano con chapas galvanizadas destinadas a la construcción de las escuelas, alambradas para las huertas, material escolar y 12.00 camisetas. Estas últimas se reunieron gracias a la iniciativa solidaria de los clubes de senderismo GR100 y La Vereína, la empresa Sport Nómada y la web Andando Extremadura. El reto que se habían propuesto era alcanzar 1.000 camisetas pero lo superaron con creces. Ese número ha desbordado sus previsiones y la organización irá dosificando la entrega de las prendas para «no romper el mercado» porque muchas familias subsisten gracias a los ingresos de la ropa de segunda mano que las mujeres guineanas venden en los mercadillos.