La rumba ahuyenta al cáncer

Imagen de una de las clases de flamenco terapéutico para mujeres diagnosticadas con cáncer de mama en la sede de la AECC. :: pakopí

Mujeres mastectomizadas reciben clases de flamenco como terapia física y emocional

Miriam F. Rua
MIRIAM F. RUA

La bailaora Pilar Andújar dice que en el flamenco las manos se mueven con el dedo corazón como protagonista. Por eso, cuando cada martes acude a dar clases a la sede de la Asociación Española Contra el Cáncer, les enseña a sus alumnas a hacer caracoles con las manos para echar fuera lo malo.

Y lo consigue. Durante una hora, las mujeres que siguen sus movimientos se olvidan de que hasta allí les ha llevado un cáncer de mama.

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Dónde
En la sede de la Asociación Española Contra el Cáncer de Badajoz, que está en la Plaza de Portugal, 12.
Cuándo
Todos los martes por la mañana. Las clases son gratuitas.
Para quiénes
Está destinada a las mujeres diagnosticadas con cáncer de mama, prioritariamente a las que se hayan sometido a una operación en la que le hayan retirado los ganglios linfáticos.

Suena una canción que no está elegida al azar. Es la versión en rumba del clásico de Edith Piaf 'La vie en rose'. Durante esa hora, el cáncer no existe. «Lo mejor es que no pienso en la enfermedad», dice Almudena García Menor, la última en llegar a las clases de flamenco. En septiembre, le quitaron un pecho. Está abatida, pero bailar le regala un rato de alegría cada semana.

«Aparte de favorecer la terapia física preventiva, crean un grupo de apoyo para sentirse seguras»

Como ella, una decena de mujeres que están en estadios diferentes de la enfermedad bailan al compás que les marca Andújar. Todas tienen en común que han pasado por una operación en la que, además de extirparle el tumor en el pecho, le han retirado ganglios linfáticos (localizados en las axilas).

Esto es así porque precisamente el objetivo con el que nacieron las clases de flamenco terapéutico es combatir el linfedema, una de las secuelas físicas del cáncer de mama, que consiste en la inflamación del brazo y que comporta dolor, limitación de la movilidad y pérdida de sensibilidad. Para prevenirlo, el ejercicio es clave.

Lo explica Guadalupe Gutiérrez de Tena, la psicooncóloga de la Asociación Española Contra el Cáncer en Badajoz: «Cogí la idea de una oncóloga que le recomendaba a sus pacientes bailar flamenco y sevillanas porque era un ejercicio muy completo para prevenir el linfedema».

«Enfocamos el baile como un tratamiento al linfedema, a la autoestima y a la vida»

Ella trabaja con el fisioterapeuta Carlos Tomás Ortiz y la bailaora Pilar Andújar. Juntos integran el equipo que desde hace cuatro años explora las posibilidades del baile flamenco para aliviar las huellas del cáncer de mama.

De su balance, Gutiérrez de Tena destaca que con el flamenco hacen lo que llama 'un tres en uno'. «Aparte de favorecer la terapia física preventiva, las mujeres hacen una actividad lúdica y crean un grupo de referencia y apoyo, que les permite sentirse seguras y tener un momento solo para ellas para desconectar de la presión de los tratamientos, de la rutina del hospital y de los agobios que se ven incrementados cuando se está pasando por un proceso oncológico».

De los beneficios físicos dan cuenta las mediciones mensuales del contorno del brazo que hace el fisioterapeuta. Bailar reduce la inflamación y, además, mejora la movilidad. Lo constata Antolina Díaz, unas de las alumnas de flamenco: «Ya subo el brazo derecho hasta la cabeza. Antes no podía». Tiene 61 años y en diciembre hará cinco años que la operaron.

Ella también afirma lo que le aporta el flamenco a su estado de ánimo: «Es una liberación porque cuando salgo de aquí soy una persona nueva. Me relaciono con las compañeras, después tomamos unas cervecitas y hablamos de nuestras cosas, menos del cáncer. Es un rato en el que nos divertimos».

Esa sensación de Antolina, la explica la psicooncóloga así: «Además de la red familiar y social, la que crean aquí es muy importante porque se sienten identificadas, no tienen que camuflar nada y eso calma mucho».

A Almudena García bailar le está ayudando también a despejarse de los complejos que le ha provocado la enfermedad. En pocos meses ha tenido que enfrentarse a reconocerse en el espejo tras la quimioterapia y la mastectomía. «Soy joven y mujer y ahora lo que quiero es reconstruirme el pecho, ser yo y tener la misma vida que tenía antes. Yo sé que lo malo ya ha desaparecido pero las secuelas físicas todavía están ahí».

Pese a estar en un momento bajo, el flamenco, dice, le da energía. «Mi enfermedad no es un constipado y esto me aporta mucho, me siento muy bien».

Sobre esto, Pilar Andújar recuerda que el flamenco es tan femenino que «te ayuda a sentirte más mujer. Yo las veo cuando se asoman al espejo y aunque les falte pelo o un pecho, sacan toda su belleza».

Por eso resume la bailaora: «El baile flamenco permite movimientos que estamos enfocando como un tratamiento al linfedema, a la autoestima y a la vida».

 

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