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El mago Óscar Pascual junto a su hijo y algunos de los animales, a los que cuidan como mascotas, que protagonizan sus espectáculos de magia.
La magia de Óscar que ayuda a sonreír

La magia de Óscar que ayuda a sonreír

Este cacereño es sanitario de emergencias del 112 y realiza espectáculos para niños enfermos de cáncer o mayores que olvidan, entre otras personas

Álvaro Rubio

Lunes, 11 de septiembre 2017, 08:45

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«Llevaba más de tres semanas sin ver sonreír a mi hijo. Gracias». Han pasado más de cuatro meses y Óscar no ha sido capaz de olvidar esa frase. Se la dijo el padre de un niño ingresado en la planta de oncología pediátrica del Hospital Materno Infantil de Badajoz. Tras escuchar esas palabras, se fundió con esa persona que no había visto antes en un abrazo. Todavía es capaz de revivir ese momento como si fuera ayer. Fue justo después de ofrecer un espectáculo de magia a niños enfermos. Eso mismo lo ha hecho en más ocasiones, pero lo que sucedió esa vez tras la actuación resume muy bien una de las razones que le dan fuerza para subirse a los escenarios.

Óscar Pascual Paniagua nació en Cáceres y tiene 40 años. Es sanitario de una unidad de emergencia del 112 en la capital cacereña desde hace dos décadas y docente en entidades públicas y privadas. Además, lo compagina con su pasión. Siempre que puede se pone su chaqueta, su chistera, coge su maletín y se convierte en mago.

Lleva haciendo magia desde hace más de 20 años. «Empecé como casi todos los magos. De pequeño me regalaron la típica caja de magia. Así me inicié en esto, aunque realmente fue un amigo de mi padre, cuando vivíamos en Galicia, quien me enseñó y despertó en mí la afición», recuerda Óscar.

Más tarde, su familia y él se mudaron definitivamente a vivir a Cáceres y con 20 años decidió que quería dedicarse profesionalmente a la magia y a ayudar a la gente. Fue entonces cuando empezó a hacer eventos solidarios por diferentes puntos de la geografía española. La mayoría en Extremadura.

Ahora, puede llegar a hacer en un año una veintena de actos con diferentes colectivos. Pequeños con enfermedades graves, personas con discapacidad y ancianos son sólo algunos de los espectadores que han sido testigos de sus espectáculos. «La solidaridad debería de ser una obligación social en todos los ámbitos y en la magia no podía ser menos», añade Óscar mientras mira a su hijo de nueve años. También se llama Óscar y también quiere ser mago. «Ya he participado con mi padre en algunas actuaciones», dice el pequeño al mismo tiempo que mira a Pica, el conejo que algunas veces aparece en su chistera en cuestión de segundos.

Al principio, Óscar Pascual empezó a colaborar con Extremadura Mágica, una asociación sin ánimo de lucro que nació en la región para agrupar a magos y hacer galas solidarias en diferentes lugares de la comunidad autónoma. La última que han hecho ha sido en el teatro Imperial de Don Benito con el fin de recaudar fondos para Vacaciones en Paz, el programa de apoyo al pueblo saharaui gracias al cual familias de toda España acogen en verano a niños de diez a 12 años procedentes de los campos de refugiados en el suroeste de Argelia. «Esta gala lleva haciéndose desde hace más de 12 años», añade Óscar, que también es integrante de la Fundación Abracadabra, una oenegé cuya misión, según destacan, es «devolver la ilusión a todas las personas que la necesitan con urgencia: niños hospitalizados, mayores en situación de aislamiento, personas con discapacidad, jóvenes en riesgo de exclusión social, así como cualquier colectivo que se encuentra en un estado emocional particularmente difícil y necesita sentir que aún tiene la capacidad de ilusionarse».

Como la propia fundación explica, llevan más de 11 años regalando magia gracias a más de 100 magos solidarios que viajan allí donde se les necesita. En ese tiempo han llegado a 1.700.000 beneficiarios directos y están presentes en 55 hospitales de forma habitual por toda España.

Visitan más de 400 centros de mayores y personas con discapacidad cada año. Además, realizan 200 talleres anuales para niños en oncología, para adolescentes en unidades psiquiátricas y para chicos en riesgo de exclusión. También llevan a cabo proyectos de voluntariado corporativo con diferentes entidades para enseñar a miles de aprendices de magos solidarios.

«La sonrisa, la ilusión, la alegría de aquellos que están en una situación complicada por enfermedades, soledad, exclusión su felicidad es nuestra motivación», comenta Óscar, que sabe cuál es su mejor herramienta para hacer feliz a la gente. «La magia es el camino más corto entre la tristeza y la alegría», añade.

Y con esa premisa también se ha convertido en embajador en Extremadura de la Fundación Aladina. Colabora con esta organización que nació en 2005 y que atiende cada año a más de 1.500 niños enfermos de cáncer y a sus familias. «Cuando visitas una planta de oncología pediátrica es complicado. Sin embargo tras los primeros diez minutos, cuando todo el mundo empieza a participar, lo olvidas todo y disfrutas. Viajas a cientos de rincones a través de la magia», concluye Óscar. Para él hay imágenes duras difíciles de borrar de su mente. Eso sí, confiesa que lo verdaderamente indeleble son las lágrimas de un padre que se emociona al ver la sonrisa de su hijo.

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