Manos Unidas celebra su 60 aniversario con una campaña abierta a nuevos voluntarios

El grupo de voluntarios de Badajoz con el cartel de la campaña de este año./Pakopí
El grupo de voluntarios de Badajoz con el cartel de la campaña de este año. / Pakopí

La oenegé tiene su origen en los grupos de mujeres de Acción Católica y seis décadas después sigue apoyando proyectos de desarrollo en zonas desfavorecidas

EVARISTO FDEZ. DE VEGABadajoz

Dice Marisol Rovira que desde que viajó a La India no es la misma persona. «A mí me impactó mucho conocer la realidad de las niñas viudas. Según me contaron las mujeres, en aquel lugar los padres concertaban el matrimonio de sus hijas siendo niñas y si tenían la mala suerte de que muriese el marido, a partir de ese momento la niña se dedicaba a servir a su suegra como si fuera una esclava. ¡Qué horror! gritaron ellas cuando les conté que yo sólo tenía una hija. ¡Se irá a servir a tu suegra y tú vas a perderla!».

Aquella conversación, lejana ya en el tiempo, habla del choque que supuso para esta voluntaria de Manos Unidas adentrarse en la realidad de un país que recibe desde hace décadas el apoyo de Manos Unidas, una oenegé para el desarrollo que celebra este año el 60 aniversario de su fundación.

Sus orígenes en la provincia de Badajoz hay que buscarlos en los grupos de Acción Católica, que en 1950 decidieron sumarse a una colecta que pretendía ayudar a los territorios del mundo donde se pasaba hambre. «Esa campaña trataba de dar respuesta a la llamada que hizo la organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) alertando de que la mitad de la población mundial pasaba hambre».

Esas primeras colectas fueron el germen de Manos Unidas, que en la provincia de Badajoz tuvo como primera presidenta a Matilde Rodríguez. En aquellos años también se implicaron Carmela Vargas y Tere Belmonte, entre otras voluntarias destacadas. «Íbamos con la propaganda por las iglesias y los conventos», recuerda María José Fernández León, que a sus 85 años sigue colaborando con esta oenegé de la Iglesia.

«Todo ha cambiado muchísimo», reconoce Estrella Rodríguez Soriano, presidenta de esta organización en la Diócesis de Mérida-Badajoz. «En los inicios se empezó con mucha fuerza, pero con pocos medios. En un territorio tan amplio era complicado llegar a todas partes, pero siempre tuvimos el apoyo del periódico y la radio».

Con el paso del tiempo, también se ayudaron de la televisión y en los últimos años, de Internet y las redes sociales. «El año pasado Manos Unidas reunió 38 millones de euros a nivel nacional y en la diócesis se recaudaron 385.000 euros».

Dinero de la colecta

La mayor parte del dinero procede de la colecta que se realiza el segundo domingo de febrero en todas las iglesias de la diócesis, pero también reciben fondos de colegios, institutos y colectivos de todo tipo. «Tenemos el apoyo de nuestros socios y apreciamos un aumento de las donaciones que nos llegan a través de personas que tienen en cuenta a nuestra ONG en sus herencias. Una señora llegó a donar más de 300.000 euros que fueron destinados a un proyecto que ayudó a muchas mujeres en África».

En las seis décadas de vida de Manos Unidas no solo ha cambiado la forma de difundir sus campañas de sensibilización, también ha variado la forma de ayudar. «En los primeros años se llegó a financiar un proyecto de desarrollo en Olivenza. Yo recuerdo que en el colegio Sagrado Corazón había una monja misionera que llevaba un taller en el que enseñaban a las mujeres a tricotar. Allí se hacían prendas para el Ejército y para empresas importantes, para esas mujeres se convirtió en un medio de vida en una época difícil», recuerda Santiago González Izquierdo, que forma parte del grupo de voluntarios de Badajoz.

Este año Manos Unidas de Mérida-Badajoz invertirá 370.903 euros en doce proyectos. Uno de ellos busca mejorar el acceso a la Educación Secundaria en Sierra Leona y otro impulsa un programa de salud para jóvenes en La India. También se destinarán fondos a una instalación fotovoltaica en Madagascar. «Yo he viajado a El Salvador siete años y la filosofía de los proyectos me convence porque cuenta con los beneficiarios. Además, hay una parte que deben ponerla ellos, muchas veces con su trabajo», confirma José Antonio Salguero, el sacerdote que colabora directamente con la ONG dado que es su consiliario.

Salguero, párroco en la barriada de Antonio Domínguez, conoce la labor de los voluntarios porque desde hace 15 años hay un grupo de mujeres que se reúnen en su parroquia para hacer labores que son vendidas antes de la Navidad.

La coordinadora de este grupo es Marisol Rovira, que cifra en 10.000 euros el dinero que reúnen cada campaña. «Hacemos prendas de bebés, artículos de cocina, bolsos, muñecos, topes de puerta, fundas de gafas, mantas... Y también ponemos una tómbola 'siempre toca' en la Feria de los Mayores».

«El dinero que se consigue cumple una función muy importante. En algunos países se ha dedicado a enseñar a conducir a mujeres para que lleven ellas los taxis porque se detectó que las violaciones cometidas por los taxistas eran frecuentes», justifica Rovira.

En otros casos, el objetivo es permitir a los agricultores conservar las semillas autóctonas. «Aquí intentamos poner nuestro acento en la dimensión social de la fe ayudando a los demás», justifica José Antonio Salguero.

«Para nosotras lo importante es la alegría que sentimos al colaborar con algo precioso», añade María José León, que siente una gran satisfacción al comprobar que varias universitarias refuerzan desde hace tiempo el grupo de voluntarios en Badajoz. «Uno de nuestros objetivos es la renovación del equipo de voluntarios. Se necesitan nuevas manos para seguir ayudando», resume Estrella Rodríguez, que muy pronto dejará la presidencia para que ese cargo lo ocupe Marisol Rovira.