Una maleta de ayuda para Venezuela

El fraile Alberto Chávez visitó el pasado viernes su congregación en Cáceres. :: jorge rey/
El fraile Alberto Chávez visitó el pasado viernes su congregación en Cáceres. :: jorge rey

El fraile extremeño Alberto Chávez relata la situación caótica que vive ese país

Cristina Núñez
CRISTINA NÚÑEZCáceres

«He venido con una mochila y me llevaré una maleta de 23 kilos llena de medicamentos». El fraile Alberto Chávez Pérez (Llerena, 1972) no se va a ir de vacío de su viaje a casa. Este extremeño lleva once meses en Venezuela como responsable de un psiquiátrico en la ciudad de Mérida (a 10 horas de Caracas y cuatro de Cúcuta, en la frontera colombiana), un tiempo que le ha hecho cambiar su orden de valores al vivir la situación de un país en el ojo del huracán. «No es lo mismo que te lo cuenten a ver cómo viven aquí las familias, las dificultades que tienen para adquirir alimentos y bienes de primera necesidad, esto cambia todo, incluso la forma de vivir la fe». Todo se ha complicado en las últimas semanas desde que Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, se declarara presidente interino.

Desde hace once meses Chávez Pérez, hermano de la orden de la Cruz Blanca, es el director gerente del Hospital San Juan de Dios de Mérida en Venezuela, que atiende a enfermos psiquiátricos. Cuentan también con una residencia de ancianos y otras especialidades de las que pasan consulta como ginecología, cardiología, traumatología, radiología, nutrición, cardiología, pediatría y psicología, entre otras. «Hemos pasado de unos 50 pacientes a unos 300». Los precios, indica, son módicos, con la idea de ser accesibles. «Nuestra misión es paliar la situación que hay, el problema grave que nos encontramos es que no tenemos medicación, y ésta tienen que traerla los propios pacientes, las psicotrópicas son muy difíciles de conseguir actualmente, la medicación de la tensión también, y a veces cuando se consigue, diez pastillas pueden llegar a costarte el sueldo de cuatro meses», indica Chávez. Un problema psiquiátrico sin medicación llega a convertirse en un enorme riesgo.

Actualmente en este hospital viven cinco personas que han sido abandonadas por sus familiares, por lo cual es la institución la que tiene que hacerse cargo de proporcionar todos los medicamentos, ya que no hay nadie que responda por ellos. «Cuando vuelvo de España lo hago con mi maleta llena de medicamentos, y eso me soluciona para aproximadamente dos meses, pero luego la búsqueda continúa, es muy complicado». El éxodo que están haciendo muchos venezolanos pasa factura a los más débiles (mayores y niños), que en ocasiones quedan abandonados, indica este religioso.

«La solución tiene que salir del pueblo, hay que sacar a Maduro, pero no a cualquier precio»

El hospital, fundado por los hermanos de San Juan de Dios, lo gestionan ahora hermanos de la Cruz Blanca y se financia a través de esta congregación y de la financiación por parte de los usuarios. Pero, explica, la financiación que puede lograrse en bolívares está muy devaluada. «El salario de un médico asciende a diez dólares, unos nueve euros», indica.

Alimentos

Otro grave problema es el de la comida. «Nosotros damos a las personas internas tres comidas al día, en la mayoría de los hospitales públicos de Venezuela toman solo una». Comprar un kilo de carne puede costar el sueldo del mes. «La gente está desmotivada, hay personas que trabajan en el hospital, en el centro de salud y en otro sitio para poder llegar a subsistir, se vive al límite».

La falta de agua, de luz y de todo tipo de recursos hace mella. La inseguridad y la incertidumbre alimentan el caos, retrata este religioso. «No sabemos qué va a pasar, qué va a hacer Estados Unidos». A Fray Alberto le cuesta saber cuál sería la mejor salida a la situación que vive el país. Cree que Maduro ha llevado a esta nación rica al abismo, pero también desconfía de que Estados Unidos tome partido y convierta a Guaidó en un títere.

Considera que las manifestaciones de apoyo a Maduro están manipuladas. «A mí me tocó una vez hacer unos trámites en Caracas y me contaron que tres funcionarios de cada área estaban obligados a salir a apoyar la manifestación», indica. «Respecto a Guaidó hay que tener cuidado, la solución tiene que salir del propio pueblo, hay que sacar a Maduro pero con los pies en la tierra, no hay que aceptar una injerencia, a Trump no le interesan las vidas humanas, sino el petróleo».

Alberto Chávez reconoce que, pese a su vocación de servicio, que resume en que «hay que estar donde Dios quiere que estemos», sí que su llegada a Venezuela la ha vivido con cierta incertidumbre. Pero era necesario dar el paso. «Hace justamente dos años asesinaron a uno de nuestros hermanos allí, las comunidades están un poco cojas y faltaba personal, me parece un proyecto muy interesante y es una necesidad a la que hay que responder».

Alberto Chávez ha llevado a cabo diferentes visitas en su estancia en Extremadura. Durante estos meses ha tenido que salir del país cada tres meses porque su visado como transeúnte religioso no le permitía estar más tiempo. Ahora, ha conseguido un visado por un año. El viernes estuvo en Cáceres y se acercó a la sede de su congregación, en la que vivió tres años. Hasta el próximo 18 de marzo que regresa a la Mérida venezolana reúne dinero y medicamentos. Un pequeño grano de arena para paliar un dolor que se está haciendo infinito.