206 litros de leche materna solidaria

José María Brull muestra varios biberones de leche congelada./Brígido
José María Brull muestra varios biberones de leche congelada. / Brígido

Los prematuros y los ingresados en la UCI del Materno de Badajoz y los hospitales de Mérida y Cáceres son los principales destinatarios

ANTONIO GILGADOBadajoz

Un estudio reciente de una enfermera de Mérida sobre la esperanza de vida de los bebés prematuros que nacen con kilo y medio o menos demuestra un repunte en la esperanza de vida desde el año 2012 en Extremadura.

A José María Brull, el director del Banco de Sangre del SES, le gusta pensar que algo han aportado a este cambio. En junio 2012 precisamente empezaron a recoger leche de madres que amamantaban a sus hijos y les sobraba para repartirla entre las unidades pediátricas. Gran parte de lo que recogen sirve para atender la demanda del Materno Infantil de Badajoz.

En las gestantes que dan a luz a las treinta semanas, el cambio hormonal que genera la leche se retrasa durante días y cuando los niños entran en la incubadora los pediatras tienen que resolver el problema de la alimentación. «Nosotros tratamos de cubrir ese hueco, siempre será mejor la leche materna que la de fórmula», explica Brull.

En términos cuantitativos, el Banco se mueve con datos modestos: 206 litros el año pasado de los que 137 se repartieron en la UCI pediátrica y la unidad de prematuros del Materno. El resto se derivó a los hospitales de Mérida y Cáceres.

Brull destaca, sobre todo, la aportación cualitativa de este servicio porque mejora las defensas en niños muy vulnerables.

En el banco asumen la búsqueda de colaboradoras como un reto permanente. Una madre solo puede aportar unos pocos meses y hay que renovar continuamente a las voluntarias. En la sangre –compara el director– colaboran durante décadas, pero en este caso, como mucho, llegan a varios meses. Para hacer cantera, trabajan con las matronas y enfermeras de atención primaria o las asociaciones en defensa de la lactancia materna.

El espaldarazo definitivo llegó en febrero de 2017 cuando iniciaron el servicio de recogida domiciliaria.

En un principio, las colaboradoras tenían que llevar cada dos o tres semanas los biberones congelados hasta el hospital más cercano o a las instalaciones del Banco de Sangre en Mérida.

Con el nuevo sistema, las llaman por teléfono cada pocos días para ver si tienen biberones y se pasan a recogerlos con nieve carbónica para mantener la congelación. Ahora pueden aportar al servicio a madres que viven en los pueblos.

Hay entregas que llegan desde Valverde, Hornachos o Villafranca de los Barros y eso ha aumentado las donaciones en un 200% respecto al inicio. También pueden dejar en los hospitales, pero el noventa por ciento de lo que entra lo hace por el servicio a domicilio.

-40 grados

En el centro se conservan a menos 40 grados y un par de veces a la semana se pausteriza. Para someterse a ese proceso, antes la descongelan a cuatro grados durante 24 horas aproximadamente y llevan a cabo un análisis en una cabina de flujo laminar, es decir, en un ambiente de esterilidad. No solo se pasteuriza, también hacen un análisis microbiológico posterior para mayor seguridad y comprobar que se trata de dosis apropiadas para el consumo. En el banco tratan de equilibrar la calidad de cada entrega a los hospitales para que no haya descompensación en los nutrientes.

Las proteínas y propiedades varía según la edad, la alimentación, el estilo de vida y el tiempo que lleve amamantando las donantes. «Tienen prioridad los niños con menos de mil quinientos gramos y nosotros aportamos la más equilibrada». Através de entrevistas se aseguran de que trabajan con donantes responsables. Constatan, por ejemplo, que se preocupan por llevar una dieta saludable, que no beben, no fuman y mantienen un estilo de vida acorde con una madre que alimenta a su hijo.

Aunque siempre hay excepciones, el director del Banco de Sangre cuenta que la mayoría de las madres asumen con responsabilidad el periodo de lactancia.