Las Hijas de la Caridad reclaman que el albergue de sintechos en Badajoz abra todo el año

Un usuario en el albergue temporal de la calle Bravo Murillo./HOY
Un usuario en el albergue temporal de la calle Bravo Murillo. / HOY

Hasta 30 personas han dormido por las noches en las instalaciones habilitadas de forma temporal en la calle Bravo Murillo

NATALIA REIGADASBadajoz

La semana que viene habrá más personas durmiendo en la calle en Badajoz. Cierra el albergue temporal que se puso en marcha en diciembre en la calle Bravo Murillo. Las responsables de esta iniciativa, las Hijas de la Caridad, aseguran que ha sido un éxito y que ha habido noches que han llegado a acoger a 30 personas. Creen que debe ser un proyecto estable y piden ayuda para que esté abierto todo el año.

El albergue temporal abrió la primera semana de diciembre y se clausurará el 31 de marzo, coincidiendo con los meses más fríos. Es el tercer año que se utiliza un edificio de la calle Bravo Murillo, una antigua comunidad terapéutica que es propiedad de Cáritas, para habilitar camas con el objetivo de que los sintecho no duerman en la calle cuando bajan las temperaturas. El primer proyecto, en 2016, dependió de Cruz Roja y en los dos últimos casos ha sido gestionado por la comunidad de religiosas que también lleva el comedor social de la calle Martín Cansado.

En esta última edición han contado con una ayuda del Ayuntamiento de Badajoz a través de Instituto Municipal de Servicios Sociales, además de la colaboración de Cáritas cediendo el edificio. Sin embargo, no pueden extender el proyecto más allá de esta semana. Para Sor Ana Martínez, responsable de las Hijas de la Caridad en Badajoz, es una lástima. «Me encantaría tenerlo todo el año. Hay que poner la carne en el asador, pero para eso necesitamos apoyo de las instituciones y unirnos las oenegé. Hay que intentar tener un albergue todo el año en Badajoz», señala.

Sor Ana cree que hay posibilidades de convertir el proyecto en algo más estable. «Se está concienciando Badajoz de que hace falta», añade esta religiosa.

El trabajo de las Hijas de la Caridad en Martín Cansado comenzó con su comedor, pero en la actualidad ofrecen un servicio completo a las personas que acuden a pedirles ayuda. Además de las camas de noche en Bravo Murillo, cuentan con una sala de estar en una ampliación de su sede en la que los sintecho pueden desayunar o pasar el rato. También ofrecen lavado de ropa y duchas, además del comedor. «Empezamos con las comidas, pero hemos ido teniendo ramificaciones para ser completos. Ha sido entrañable. Un proyecto muy bonito».

«Se ha formado una familia»

Sor Ana cuenta que el ambiente ha cambiado por completo, incluso en el comedor, desde que ofrecen los servicios complementarios. Los usuarios se han implicado mucho más. «Es como si se hubiese formado una familia. La convivencia ha hecho que estén mucho más vinculados al comedor».

La superiora de las Hijas de la Caridad detalla que los usuarios del albergue han contado con el apoyo de un monitor que les ha ido asesorando según iban cogiendo confianza. «No solo es una cama para dormir. Ha sido una convivencia, han hecho dinámicas de autoestima y de autocrítica entre otras», detalla Sor Ana, que añade que el albergue se han convertido en un medio para llegar a estas personas. En algunos casos, añade, han logrado incluso derivarlos a otros recursos, como comunidades terapéuticas para tratar sus adicciones.

La ocupación ha sido muy buena. En principio acudían unas 20 personas cada noche, pero el boca a boca funcionó y, de media, llegaron a las 27 con noches en las que aún acudía más gente. En general son personas que carecen de recursos económicos y vivienda y suelen pernoctar en cajeros u otros refugios improvisados, como los puentes. También se han encontrado con gente de paso en la ciudad y con vecinos que viven en infraviviendas, en muchos casos de okupas, y han preferido las condiciones de las dependencias de Bravo Murillo.

Ayudaría al Centro Hermano

Actualmente en la ciudad solo el Centro Hermano de Cáritas ofrece camas durante todo el año. Cuenta con 28 plazas, y de media está ocupado al 85%, por lo que no podría asumir a las personas que han pernoctado en Bravo Murillo. Estos usuarios, además, suelen rechazar el Centro Hermano porque se trata de un recurso distinto, a largo plazo y con normas para una recuperación integral y la integración.

Saray Flores, directora del Centro Hermano en Badajoz, asegura que ambos albergues son compatibles y necesarios. «En Bravo Murillo han cubierto una parcela importante. Son personas que no quieren venir aquí y duermen en la calle. Les han apoyado y orientado y luego ya pueden pensar en la recuperación completa».

Flores detalla que ellos mismos han desviado usuarios al albergue temporal porque eran personas que solo necesitaban una cama para huir del frío unas noches. Sin embargo, en el Centro Hermano tienen ciertas exigencias y trámites que hacen que algunos sintecho no quieran acudir. Para la directora de este centro sería beneficioso contar con un albergue que podría ser un paso intermedio.