El Gurugú repite su comedor estival para más de sesenta niños pacenses

Comedor de verano del Gurugú. :: HOy/
Comedor de verano del Gurugú. :: HOy

La asociación de vecinos cuenta con el apoyo de la Fundación CB y de varias empresas colaboradoras

Antonio Gilgado
ANTONIO GILGADOBadajoz

Once mil euros de la Fundación CB y una amplia red solidaria para que los niños del Gurugú y los Colorines pasen un verano como los de cualquier otro barrio de la ciudad.

La asociación de vecinos lleva muchos años asumiendo el hueco que deja el colegio en la zona. Ricardo Cabezas, el veterano activista vecinal, habla de padres jóvenes sin formación mínima. Parados crónicos con cuatro o cinco menores a su cargo o familias desestructuradas que dependen de las ayudas sociales.

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Ahora que se quedan sin comedor escolar, la asociación les garantiza una alimentación saludable y un amplio programa de ocio en julio y agosto.

En el Gurugú han descartado en esta ocasión acudir a las ayudas de la Fundación Educo, con las que empezaron este programa de verano en los años más profundos de la crisis. Cabezas entiende que la oenegé de ayuda a la infancia tiene demasiadas necesidades a cubrir por toda España. «Si nosotros lo tenemos solucionado es de responsabilidad que haya para otros».

Con los once mil euros que pone sobre la mesa la Fundación CB podrán pagar a dos profesores y dos monitores de ocio y tiempo libre, una cocinera y el autobús para las salidas y excursiones.

El resto llega gracias al respaldo de empresas y colaboradores que se han implicado con la realidad social del barrio. La Fundación Banco de Alimentos, por ejemplo, entrega algunas partidas para la cocina. Panificadora El Nevero les da el pan para los dos meses, Extremeña Aragonesa Agrícola, una central del polígono industrial con fincas en el entorno, les proporciona la fruta. Los supermercados Cash Al Corte y Congelados del Suroeste regalan parte de la carne y del pescado que le compran allí para los niños. «A la Fundación CB también pide mucha gente y no te pagan todo lo que necesitas. Nosotros seguimos adelante porque siempre estamos pidiendo colaboración por nuestra cuenta a los demás».

A partir del 1 de julio esperan a más de sesenta niños de entre seis y catorce años. De nueve a diez de la mañana desayuno, después refuerzo escolar, más tarde piscina y a la vuelta comen antes de enfilar a casa a mediodía.

En el Gurugú se han propuesto tres objetivos a cumplir. Por un lado, explican, garantizar una alimentación saludable a los niños. «La comida la hacemos aquí. Nada de catering. Un plato de legumbres, pasta o arroz de primero y después carne o pescado».

El otro pilar se asienta sobre el apoyo educativo. La mayoría de los beneficiarios que acuden al comedor extraescolar van durante el curso por las tardes a clases de refuerzo y quieren darle continuidad en verano.

En el barrio, explica Cabezas, el fracaso escolar se había generalizado. Todavía sigue siendo muy alto, pero se ha reducido y cada vez más chicos terminan la secundaria en los institutos o terminan primaria con los contenidos mínimos.

Con el programa de asistencia estival quieren que no pierdan el hábito de estudio por las vacaciones y aprovechen algunas horas para repasar contenidos. La socialización es el tercer de pilar que refuerzan. Hay salidas programadas dos días a la semana a los talleres de Castelar y a la piscina de la Granadilla. También una excursión a la playa y otra a la piscina natural de La Codosera.

La idea es que los chicos conozcan realidades ajenas al barrio y se relacionen con grupos de su edad que viven en otras zonas de la ciudad. «No queremos que esto sea un gueto. Combatimos el estigma que hay sobre nosotros en el resto de la ciudad».

Pero la socialización requiere de coger mucho autobús durante los próximos dos meses para moverse de la plaza de la Rana al centro. Más de trescientos euros a pagar según los cálculos de Cabezas, que estos días negocia con Tubasa un bono para grupos que rebaje la cuenta del transporte.