«Antes había días muy largos, con mucha desgana, pero ahora estamos más entretenidas y animadas. Nos ayuda a salir de la rutina, a movernos ... más y a sentirnos útiles». Quienes pronuncian estas palabras son Josefina González, Ana María Rodríguez, Teresa Núñez, María Flores y María Domínguez, residentes de la histórica Santa Casa de Misericordia de Olivenza. Sus testimonios reflejan el impacto directo del proyecto 'Vivir sin edad y con mentalidad vital para superar la edad biológica de las personas mayores'.
Esta ambiciosa estrategia ha encontrado su motor definitivo en el tejido solidario extremeño. En sus primeros compases, el proyecto recibió un impulso crucial de la Fundación 'la Caixa', que a través de su convocatoria de proyectos sociales otorgó una aportación económica de 30.000 euros, sufragando el 75% del coste total de la iniciativa. El convenio de colaboración, firmado el pasado 29 de octubre de 2025 y vigente hasta el 31 de octubre de 2026, tiene como finalidad respaldar a las organizaciones no lucrativas de la región para impulsar proyectos dirigidos a personas en situación de vulnerabilidad social, mejorando su calidad de vida y fomentando la igualdad de oportunidades.
Para comprender el calado de este proyecto es necesario mirar los cimientos sobre los que se asienta. Ubicada en la calle Caridad, la Fundación Hospital y Santa Casa de Misericordia nació en el año 1501, cuando Olivenza era una villa portuguesa.
Tras más de 500 años de historia, hoy se consolida como residencia de mayores acreditada por el Sepad, con una capacidad de 48 plazas. La entidad, adscrita a la Plataforma del Voluntariado de Extremadura, sostiene su engranaje sobre el esfuerzo de la Hermandad, las donaciones y su propia red de voluntariado, un pilar fundamental dado que la mayoría de sus residentes perciben rentas bajas.
El centro combina su patrimonio artístico-monumental –como la capilla del Espíritu Santo o su valioso archivo histórico privado– con una atención de vanguardia. La ayuda de la Fundación 'la Caixa' ha permitido incorporar profesionales especializados para ofrecer una atención integral.
El punto de partida responde a la preocupante tendencia de los mayores a percibirse como menos capaces por los estereotipos del entorno. Frente a esto, la Santa Casa busca empoderar y favorecer el autogobierno de los residentes, adaptando las dinámicas a sus necesidades y priorizando su desarrollo personal. El proyecto, en su noveno mes de vida y monitorizado a través del programa informático Siland, articula su intervención en tres grandes pilares que transforman su día a día.
El primero es el área de Intervención Física, liderada por la fisioterapeuta Alicia Piñero González, cuyo enfoque busca mantener la autonomía diaria a través de talleres de psicomotricidad y ejercicio terapéutico grupal, aportando independencia funcional, prevención de caídas y estimulación cognitiva. Bajo la máxima de que todo lo que el residente pueda hacer por sí mismo, debe hacerlo, se combaten el sedentarismo y la sobreprotección, estimulando hábitos esenciales como caminar en lugar de usar la silla de ruedas, mantener una hidratación constante, mejorar la higiene del sueño y cuidar minuciosamente la postura en los sillones.
El segundo pilar cobró su impulso definitivo con la incorporación del terapeuta ocupacional Javier Luengo Rodríguez, un fichaje estratégico financiado por la subvención de la Fundación 'la Caixa'. Luengo dirige el área de Intervención Cognoscitiva, Funcional y Sensorial a través de talleres orientados a ejercitar la memoria, el lenguaje y el razonamiento. Estas dinámicas se entrelazan con actividades artísticas como la musicoterapia y la laborterapia, además de intervenciones directas para mantener la independencia en las actividades básicas diarias.
Respaldo diario
Para que este engranaje funcione con precisión, el proyecto cuenta con el respaldo diario de una enfermera, encargada de la supervisión constante de la salud, de cara a la mejora global de los participantes, y de dos gerocultoras, que realizan funciones esenciales de apoyo directo.
Finalmente, el área de Participación Social se encarga de romper el aislamiento fomentando paseos por el barrio, visitas al museo y excursiones a la naturaleza que conectan a los usuarios con la sociedad de Olivenza. El momento más transformador llega con las actividades intergeneracionales organizadas junto a los centros educativos de la localidad, donde la vitalidad de la juventud se contagia de forma natural y los mayores aportan su sabiduría acumulada, reduciendo la soledad y reforzando su autoestima al sentirse valorados.
Más allá de las salidas al exterior, el corazón del proyecto late en el ambiente festivo y de sana convivencia que se genera dentro de los talleres diarios. Las sesiones de pintura, las manualidades compartidas y los ejercicios de estimulación cognitiva no solo actúan como herramientas clínicas, sino que funcionan como un espacio de risas y apoyo mutuo. Al compartir sus recuerdos y avances, las residentes estrechan lazos afectivos, mitigando la soledad.
Este éxito colectivo es el resultado de un sólido trabajo en red comunitaria y territorial. La Santa Casa camina de la mano de entidades del entorno como la Asociación de Voluntariado del Hogar de Mayores de Olivenza, el Centro Sociosanitario Caser Residencial Olivenza y el Museo Etnográfico González Santana. Asimismo, la Parroquia local, a través de la Pastoral de la Salud, mantiene el acompañamiento espiritual con la organización de la eucaristía semanal en la histórica capilla.
El balance actual es inmejorable y las residentes concluyen con emoción que se trata de una iniciativa fantástica gracias a las actividades y al cariño recibido. Con la vista puesta en el futuro, la entidad ya ha presentado su candidatura a la convocatoria de la Fundación 'la Caixa' 2026 con un nuevo proyecto centrado en terapias dirigidas a mayores con trastornos psíquicos, demostrando que Olivenza sigue apostando por cuidar con dignidad y justicia social.
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