Emeritea solicita un local y terapia específica en Mérida para niños con trastorno autista

Laly Parra, presidenta de la asociación Emeritea./Brígido
Laly Parra, presidenta de la asociación Emeritea. / Brígido

La presidenta de la Asociación también reivindica la apertura de más aulas TEA en la ciudad aparte de la del colegio Dion Casio

M. ÁNGELES MORCILLO

Laly Parra es madre de Lucía, una niña de 8 años con trastorno del espectro autista (TEA). El ansia por dar las mejores condiciones de vida a su hija, por luchar para conseguir la plena y verdadera inclusión y las mejores terapias para su pequeña le llevó hace ya más de dos años a convertirse en una de las almas de la asociación Emeritea.

En la actualidad, la Asociación de Familias del TEA está integrada por 17 niños y sus respectivas familias de Mérida. La falta de un local donde poder realizar las terapias con los pequeños y la ausencia de terapia específica en Mérida son dos de sus mayores reivindicaciones actuales.

Ya han pedido un local a la Junta de Extremadura y confirma que el Ayuntamiento les ha ofrecido uno también. Pero desde la asociación no se consideró este como el más apropiado. Solo podía ser utilizado para celebrar reuniones y guardar material. Había espacio para poco más. Ellos necesitan algo diferente y más grande. Un sitio donde poder desarrollar las terapias específicas con los pequeños. Por eso, el local de Emeritea necesita tener, como mínimo, cuatro salas. En cada una de ellas se tiene que dar un tratamiento diferente. Además, tendrían que destinar otra estancia a despacho y la siguiente a guardar el material de las actividades.

Explica además que las terapias que necesitan recibir estos niños son, sobre todo, de atención temprana y terapia ocupacional.

La atención temprana va desde los 0 a los 6 años. Y la etapa que va desde los 6 años en adelante se llama habilitación funcional. Ambas incluyen psicología, logopedia, psicomotricidad y terapia ocupacional. Con esta última se enseña a los niños todo lo relacionado con la alimentación y la higiene o el aseo personal, esto último dirigido a los mayores de 6 años.

El local y las terapias específicas en Mérida no solo beneficiarían a niños de la ciudad. Parra dice que también a pequeños de la comarca de Mérida y de los pueblos de alrededor. Disponer de ello en la ciudad les evitaría tener que desplazarse a Badajoz varias veces al mes, con todo lo que ello supone.

«Yo estoy 45 minutos recibiendo terapia con mi hija en Badajoz. Y para ello pierdo dos horas, solo en ir y venir. Parece una tontería, pero no lo es. No creo que estemos pidiendo algo difícil», insiste.

Trasladarse a Badajoz

Recalca la importancia de contar con terapia específica en Mérida. Y argumenta que aunque algunos puedan decir que esta se da en Plena Inclusión (antigua Aprosuba) la experiencia les ha demostrado que no es lo mismo. Que no es tan efectiva como la que le podrían dar en otras condiciones o como la que actualmente le ofrecen en Apnaba, la Asociación de Padres de Niños Autistas de Badajoz. «El cambio que he notado en mi niña en cuanto a la comunicación con otras personas o en detalles como que me mire a la cara... es muy importante. Y eso es gracias a las terapias específicas que recibe en Badajoz. Lo que no puede ser es que te den un diagnóstico de autismo de un niño y que el tratamiento no cambie a pesar de que el niño crece. Es como si un médico de cabecera se pone a operar una prótesis de rodilla. No todo vale. Puede haber cosas que son comunes, pero otras muchas no».

Dice que, en ese sentido, tiene la suerte de tener solo a Lucía. Sabe de familias que, por ejemplo, tienen tres hijos y cuando se le tiene que dar terapia específica a uno de ellos todos se tienen que desplazar a Badajoz. «O tienes ayuda de familiares o es imposible hacerlo».

Sobre el aula TEA que se abrió en octubre de 2017 en el colegio Dion Casio, el único de Mérida que dispone de un servicio de estas características, explica que los comienzos no fueron fáciles. «Todo era nuevo, tanto los profesores como los niños. Pero ahora ya va muy bien».

Este aula ya tiene el número máximo de niños que puede acoger, seis. Por lo que la presidenta de Emeritea aprovecha para reivindicar la apertura de más aulas TEA en otros colegios de la ciudad. «Hay padres que ya están peleando por ello».

Parra tiene claro, y así se lo transmitió al consejero de Sanidad, José María Vergeles, la última vez que coincidió con él precisamente en un acto sobre el autismo, «que cuanto más se invierta en la infancia, menos necesidades van a tener estos niños cuando se hagan mayores».

Finaliza diciendo que ojalá alguna vez conozca una educación inclusiva completa y real para niños como su hija. Pero mientras tanto ve que la vida pasa, que Lucía crece. Y que ahora es cuando necesita todo el apoyo para seguir adelante y para tener cubiertas todas sus necesidades.