Hoy

Niños y sida, el círculo de la esperanza

La oenegé Plan Internacional rechaza el catastrofismo y apuesta por el desarrollo comunitario centrado en la infancia y sus derechos

Cuatro pequeños huérfanos por el sida camino de la escuela. / A.B.
DÍA MUNIDAL DEL SIDA
Hay esperanza y futuro más allá de las dramáticas estadísticas del VIH-sida. Y en particular para las niñas y niños. Lo recalca la organización no gubernamental Plan Internacional ante el Día Mundial del Sida 2009, que se celebrará mañana martes en torno a la idea de 'Acceso universal y derechos humanos'. Un mensaje que hace suyo porque encaja con su propia estrategia de desarrollo comunitario centrado en la infancia y con su modelo para responder a la pandemia, bautizado como Círculo de la Esperanza y basado en los derechos de la niñez que crece en un mundo con VIH.
Según las últimas cifras, 33,4 millones de personas -2,1 millones de menores de 15 años- viven con el virus de inmunodeficiencia humana causante del sida, 2,7 millones -430.000 menores- se infectaron en 2008 y 2 millones -280.000 menores- murieron. El África Subsahariana se lleva la peor parte, con un 67% del total de personas seropositivas, el 91% de las nuevas infecciones infantiles y más de 14 millones de 'huérfanos del sida'. Pero incluso con ese grave telón de fondo, insiste Plan, hay que «mirar más allá de las estadísticas» para poder «responder de manera adecuada al VIH» y a sus «diferentes patrones epidemiológicos», que exigen «dirigir nuestros recursos hacia donde tengan mayor impacto».
Porque la pandemia se ha demostrado muy variable, hasta el punto de coincidir epidemias de distinto tipo -unas concentradas y otras generalizadas- en diferentes lugares de un mismo país, e incluso juntas aunque en distintos niveles poblacionales. Y también su impacto necesita analizarse con detalle y sin catastrofismo, precisa la ONG especializada en la infancia.
La muerte de adultos, por ejemplo, está dando protagonismo demográfico a los adolescentes y dejando una estela de niños huérfanos que tendrá sin duda «implicaciones importantes y todavía desconocidas para las futuras generaciones» y que puede condicionar aspectos claves del desarrollo como la seguridad alimentaria y el acceso a la educación. Pero es solo una parte de la realidad.

Abandono y hambre

También es un retrato parcial e insuficiente -dibujado con «muchos reportes anecdóticos», apunta Plan, el que destaca «la fuerza destructiva de la epidemia», con aldeas abandonadas y hambre, con discriminación y estigma, con comunidades divididas y ruptura de la cohesión social. De hecho, subraya, «también hay ejemplos menos publicitados en los que el VIH ha unido comunidades y las ha movilizado» para conseguir avances sociales, políticos y económicos.
La propia experiencia del Círculo de la Esperanza ofrece múltiples ejemplos de esa realidad positiva que muchas veces permanece casi invisible.
La oenegé está empeñada en elevar al primer plano la esperanza. Por eso discute el intenso énfasis internacional en los huérfanos, que a su juicio distorsiona el entendimiento de la situación familiar mayoritaria en estos tiempos de VIH-sida. «Aún en el caso más severo de epidemia, la mayoría de niños continuará viviendo con sus dos padres sobrevivientes», apuntan desde la organización.
Además, aclara que hay pocos casos de familias donde los niños son cabezas de hogar, y que los más comunes son los hogares sin una generación, donde tal papel es ejercido por los abuelos, habituados al cuidado de sus nietos por tradiciones muy anteriores a la aparición del VIH y que, además, suelen contar con el apoyo de un joven adulto, aunque no resida necesariamente con ellos.
Para afrontar esa compleja realidad ha diseñado Plan su Círculo de la Esperanza, cuatro anillos concéntricos en cuyo núcleo están los niños y niñas, 'arropados' primero por sus padres y familias, después por las comunidades y sus instituciones y finalmente por el Estado, la sociedad civil y las agencias internacionales. Un entramado en el que interactúan a todos los niveles los sujetos de derechos y quienes han de garantizarlos.
Y si los menores son la referencia primordial, la implicación de la comunidad es la garantía de largo plazo que permitirá evitar la respuesta caritativa y dar poder a sus miembros para conquistar cuatro grandes capítulos de derechos, tres de la infancia -a ser protegida del VIH, a vivir con su familia y a recibir atención y apoyo cuando la epidemia le afecte- y un cuarto de las familias afectadas, a recibir protección social.