Hoy

La idea del supermercado social placentino se extiende por todo el país

Dos clientes adquieren productos en el supermercado social de San Miguel. / PALMA
PARA FAMILIAS CON POCOS INGRESOS
No es un supermercado para pobres, sino una oportunidad para que las familias de clase media-baja, las personas que llegan con dificultades a fin de mes, puedan comprar con dignidad.
Es el supermercado social de Plasencia. Y lo quieren importar siete comunidades autónomas: Cataluña, Islas Baleares, Murcia, Castilla y León, País Vasco, Madrid y Andalucía. «Porque aquí en Extremadura, quizás porque nadie es profeta en su tierra, no ha tenido repercusión alguna, pero sí en el resto de comunidades autónomas», asegura Consuelo de Miguel, la promotora del supermercado social de Plasencia.
De una iniciativa pionera en el país, que ella ya ha patentado y que ahora se hará realidad en otras 11 ciudades al menos. «Está en marcha en Sabadell, Granollers, Barcelona, Palma de Mallorca, Murcia, Salamanca, Madrid, San Sebastián, Almería, Granada y Jerez de la Frontera».
En la ciudad del Jerte abrió sus puertas el pasado 1 de junio, en un local alquilado de la calle San Cristóbal, en el barrio de San Miguel. Consuelo, una trabajadora social de 62 años, hizo así realidad un proyecto para el que no ha contado con ayuda de administración alguna. Pero con sus ahorros logró la apertura de un supermercado, «al que viene gente con dinero pero con dificultades para cuadrar las cuentas cada mes». Familias que pueden realizar la compra de la semana un 50% más barata que en cualquier otro supermercado al uso. «Porque aquí traemos los productos desde las fábricas y no les aplicamos beneficio alguno; sólo sacamos dinero para mantener abierto el establecimiento».
Los precios
En el supermercado social se vende un cartón de leche por 0,55 céntimos de euro; harina por 0,65; arroz por 0,95; legumbres por un euro; pasta por 0,63; huevos por 1,15 euros; un botella de aceite por 2,95 euros... «Yo he hecho la compra para la semana y me he gastado 27,62 euros, la mitad de lo que hubiera tenido que pagar en cualquier otro supermercado», garantiza María Victoria García, una mujer que ayer se trasladó desde Jaraíz de la Vera para hacer la compra en el supermercado social de Plasencia por primera vez. Ahora ya cuenta con su acreditación. Igual que otras 1.013 personas, los clientes que tiene hoy este supermercado, seis meses después de su apertura.
Todos los interesados en comprar en el supermercado social tienen que presentar su nómina y sus gastos. «No es para los ricos», deja claro su promotora. Pero tampoco hay que tener ingresos mínimos a una determinada cuantía. «Tenemos clientes que cobran 400 euros al mes y también parejas que suman entre los dos 1.200 euros, pero que tienen niños y una hipoteca, por lo que también les cuesta llegar a fin de mes», explica Consuelo de Miguel.
Facilitarles el día a día a la clase media y baja es el objetivo de un supermercado que abre de lunes a sábado en horario de mañana y tarde, y los domingos y festivos por la mañana. Todos sus clientes tienen que aportar para cada compra la tarjeta que les acredita y su DNI. «Y así pueden comprar con dignidad, conseguir la comida que necesitan para la semana y ahorrarse dinero para otros gastos».
Consuelo de Miguel comenzó a trabajar como asistenta con 21 años. En el psiquiátrico de Plasencia. «Desde entonces he visto tantas desgracias, que mi único objetivo con este proyecto es contribuir a evitarlas».
Siete empleos
De momento está ayudando a que 1.013 familias puedan dedicar menos cada semana a la comida. Facilitando que sus ingresos lleguen mejor a final de mes. Pero esto es sólo una parte, una de las dos labores sociales que posibilita la iniciativa de Consuelo. La otra pasa por el empleo. Son siete las personas que trabajan en el supermercado, que cobran el salario mínimo interprofesional. Y todas son minusválidas.
«Estoy encantada como no podía ser de otro modo; yo y mis compañeros, porque si no es aquí, ¿dónde podríamos encontrar trabajo? Lo que ha hecho Consuelo es algo excepcional», asegura Pilar Iglesias Martín, quien hace las funciones de encargada y cajera del supermercado. Una iniciativa «que es digna de ser reconocida y que lo hubiera sido mucho más si hubiera surgido en otra comunidad autónoma, en cualquiera de las muchas que ahora copiarán el proyecto», agrega.
Por ello alaba la iniciativa de una trabajadora social que ni ha hecho números ni los quiere hacer. Sólo seguir adelante con un proyecto «en el que creo, porque considero que es importante que se ayude a quien lo necesita, en este caso a quien le cuesta llegar a fin de mes, pero facilitándole una oportunidad para que compre con dignidad y evitando que tenga que mendigar».
Las puertas del supermercado social siguen abiertas en el número 2 de la calle San Cristóbal y su promotora anima a atraversarlas. Insta, de hecho, a «dejar a un lado la vergüenza tonta y aprovechar esta oportunidad para no pasar necesidad y comer de una forma sana y económica».