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Belal Kharouf en la biblioteca de la Residencia Universitaria de la Fundación Caja Badajoz.
Belal Kharouf en la biblioteca de la Residencia Universitaria de la Fundación Caja Badajoz. / Hoy

La Fundación CB beca a un alumno sirio que estudia Ingeniería Eléctrica en la UEx

  • "Ojalá pueda ayudar a reconstruir Siria", dice Belal Kharouf

Habla español con dificultad, pero lo habla. Y estudia con él. Gracias a que Ingeniería Eléctrica tiene mucho de matemáticas y fórmulas no necesita demasiadas palabras. Por eso Belal Kharouf está decidido a titularse por la Universidad de Extremadura. Este año cuenta con el apoyo de la Fundación Caja Badajoz, que le ha becado y concedido una plaza con manutención en su residencia, donde se mudó hace pocos días desde el piso que compartió el curso pasado.

Belal Kharouf nació en Siria hace 27 años y en pocas semanas cumplirá su primer año como vecino de Badajoz. En 2012 salió de su país y no ha podido volver. No fue el único. Sus compañeros de colegio y amigos más cercanos abandonaron el país. Todos los que tenían cinco años más o cinco menos. Escapaban de la guerra y evitaban ser reclutados, y querían seguir estudiando.

En Damasco dejó a su familia. Sus padres mantienen una tienda de ropa y van mudándose de unas barriadas a otras, buscando la tranquilidad que les robó la guerra hace ya seis años. A Belal le ha robado también familiares y amigos. «Un buen amigo del colegio está muerto», dice. Él escapó. Salió en avión de su país. Su periplo le llevó a Líbano, Egipto y Turquía, donde continuó sus estudios. Entró en España con visado, como él mismo recalca.

Tenía aprobado tercero de Ingeniería al llegar a España. Trató de convalidar las asignaturas, pero se encontró con que la mayoría no fueron aceptadas. Así que prácticamente tuvo que volver a segundo. En unas semanas comenzará tercero en el campus de Badajoz. Fue la UEx la que intermedió con la Fundación para lograrle una plaza en la residencia y esta aceptó. Creen que así cumple con su función de «apoyar la educación y el bienestar social».

Su primer destino en España, hace año y medio, fue Béjar (Salamanca). Pero no se adaptó. Había demasiados mayores que apenas hablaban inglés y encontró pocos jóvenes con los que soltarse en español. En Badajoz ha hecho amigos. «Aquí la gente es muy abierta», dice, y ha mejorado el idioma. Se ha acostumbrado a la ciudad, aunque se ha sorprendido con las altas temperaturas. «En Damasco puede haber días con máximas de 36 o 38 grados. ¡Aquí hemos llegado a los 48!». Se ha integrado en la mezquita del Gurugú y acude cada viernes.

Kharouf tiene claro que quiere volver a su país cuando acabe la guerra.

Kharouf tiene claro que quiere volver a su país cuando acabe la guerra. / Hoy

Quiere terminar aquí sus estudios y buscar trabajo en Siria, «si la guerra acaba». Allí tiene gran parte de sus sueños: contribuir a reconstruir el país. «Ahora está todo en el suelo, me gustaría volver como ingeniero y ayudar a ponerlo en pie. Ojalá la guerra acabe y yo pueda volver a Siria. Y si no tendré que buscar trabajo aquí o en otro sitio. Pero yo prefiero volver a mi país». Le quedan aún dos años para licenciarse.

Su familia

El otro gran sueño es volver a ver a su familia. Hace casi seis años que los abrazó por última vez. Habla con ellos una vez a la semana o cada diez días. La guerra ha afectado también a las comunicaciones. Tiene varios hermanos y desea con todas sus fuerzas coger en brazos al pequeño. Zen Aiden tiene dos años y aún no se conocen.

Su familia no quiere venir a España. «Aquí necesitan también una estabilidad económica que no hay. Aquí hay crisis , yo he buscado para trabajar este verano y no he encontrado nada».

Sigue las noticias de su país con preocupación y pena. Habla con sus amigos con cierta frecuencia. Los que compartían juegos infantiles están hoy dispersos por el mundo: el norte de Europa, América, Egipto y Turquía son ahora sus casas. En Badajoz ha hecho un amigo sirio.